Un hermano es tan fuerte como los genes para definir la personalidad
por Eliana Galarza
El 85 por ciento de las personas tiene al menos un hermano. Y dicen que eso es bueno porque según un nuevo enfoque científico, las relaciones con ellos influyen en la vida tanto como los genes que se heredaron de los padres o el medio ambiente (cómo, dónde y con quién uno vivió o vive). Tanta incidencia tienen que ya se las agrupa como "el factor H", H de hermanos.
Es un ingrediente especial porque puede manifestarse decisivamente en el desarrollo de la personalidad y también —aseguran los expertos en lazos familiares— en las relaciones sociales futuras.
"En los últimos años, la psicología ha vuelto a hacer foco en los vínculos fraternos. Hay una especie de revival de la significación de los hermanos para el buen desarrollo social y personal", describe José Eduardo Moreno, investigador del Conicet y vicedirector del Centro Interdisciplinario de Investigaciones en Psicología Matemática y Experimental.
"Se les da tanta importancia porque las relaciones con los hermanos pueden durar más años que las que se tienen con los padres o los cónyuges", le comentó a Clarín, desde su oficina en la Universidad de California, Katherine Conger, la investigadora estadounidense que adhiere a esta nueva disciplina.
"Si bien resulta interesante el planteo, cabe cuestionar si es novedoso", advierte Susana Azzollini, doctora en Psicología por la UBA e investigadora del Conicet. Se refiere a que centrar el análisis en la familia o en los hermanos puede resultar una frontera artificial entre las relaciones familiares y el resto de las relaciones sociales significativas. "Quien debe determinar la importancia de esas relaciones es el mismo sujeto. En otras palabras, alguien podría funcionar como un hermano (el dicho popular: los amigos son hermanos que uno elige, es bastante gráfico) no sólo en cuanto a los afectos sino a las funciones sociales que cumple", insiste la investigadora.
Con ánimos no sólo de generalizar sino de darle además otro rango, en los EE.UU. esta "nueva ciencia" sigue ganando terreno. "Gracias a ella se sabe que el desarrollo del apoyo social entre hermanos puede afectarse por el trato que reciben de sus padres. La mayoría concuerda en que los padres deberían tratarlos de manera diferente según la edad, el sexo o temperamento. Sin embargo algunos tienen favoritismos y los hermanos sienten eso como injusto", reflexiona Conger. Ella, junto con otros investigadores como Gene Brody, Shirley McGuire, Susan McHale y Robert Plomin observaron que ese trato diferencial puede estar vinculado con relaciones negativas entre los hermanos, una situación que se puede manifestar con problemas de conducta en la niñez y con relaciones familiares conflictivas en la adultez.
Esta nueva disciplina se anima a más: realiza estudios longitudinales, que implican el seguimiento de las mismas personas durante años. Y entonces se confirman datos que se sospechaban, como el que señala que hermanos que crecieron en la misma familia no siempre registraron el mismo medio ambiente. Es decir que tienen experiencias diferentes o no compartidas debido a su edad, su etapa evolutiva o el trato diferencial de los padres.
Para los investigadores de la nueva ciencia de los hermanos, el desafío es saber cómo ese "detalle" u otro pueden transformarse en el eslabón que siempre falta en la cadena del desarrollo personal.
Según pasan los años
"La relación entre hermanos durante la infancia es la de intimidad no elegida y tiene diferentes matices según lo que se comparte", comenta la psicóloga Susana Azzollini. "La hermandad surge en un clima familiar generado por los padres", agrega el investigador José Moreno. En resumen, puede variar así:
· Primeros años de vida: compiten por el amor de sus padres o, si la diferencia de edad es grande, son incorporados como "segundos padres".
· A partir de los 2 o 3 años: hay un mayor interés por juegos compartidos; se aprecian los roles fraternos, de iguales.
· A partir de los 5 años: más interés por juegos grupales o con reglas. Eso ayuda a profundizar los vínculos.
· En la adolescencia: período de polaridades, pueden reactivarse las rivalidades infantiles para acaparar la ayuda de los padres o fortalecerse las alianzas para poder confrontarlos.
· En la adultez: la sobreocupación les resta tiempo a los hermanos. A veces, la soltería de uno o el divorcio de otro son motivo de reencuentro y fortalecimiento de la relación.
· La vejez es otra oportunidad para la hermandad, que sólo es posible si la vida de adultos no generó grandes distancias.
Gracias Señor por mis hermanas
Feliz día a todos los hermanos


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