El 22 de abril a las 3 de la madrugada, Dios la llamó a su casa.
Durante su vida terrena, dió lo mejor de sí, de la mejor forma que supo y pudo. Fue para sus nietos, una abuela comprensiba y a la vez supo guiarlos y co-educarlos.
Siempre se preocupaba por toda su familia y los amó con todo su corazón.
Para aquellos que la conocimos, pero no fuimos sus nietos, siempre tubo una sonrisa y la puerta de su casa y de su corazón abiertos para nosotros.
Verla era una experiencia de paz y amor...
Deseamos desde este espacio, que ella ahora sea una luz que brille junto a Dios.
Para los que nos quedamos acá todavía, les dejo este muy conocido poema de San Agustín.
Si me amas...
No llores si me amas...
Si conocieras el don de DIOS
y lo que es el cielo...
Si pudieras oír el cántico de los ángeles
y verme en medio de ellos...
Si pudieras ver desarrollarse
Ante tus ojos los horizontes,
los campos y los nuevos senderos
que atravieso...
Si por un instante pudieras contemplar
como yo la belleza
ante la cual las bellezas palidecen...
¡Cómo!...
¿Tú me has visto, me has amado
en el país de las sombras,
y no te resignas
a verme y amarme en el país
de las inmutables realidades ?
Créeme.
Cuando la muerte
venga a romper tus ligaduras
como ha roto las que a mí me encadenaban;
cuando llegue el día
que DIOS ha fijado y conoce
y tu alma venga a este cielo
en el que te ha precedido la mía...
Ese día volverás a verme.
Sentirás que te sigo amando, que te amé,
y encontrarás mi corazón
con todas sus ternuras purificadas.
Volverás a verme en transfiguración,
en éxtasis feliz,
ya no esperando la muerte,
sino avanzando contigo,
que te llevaré de la mano
por los senderos nuevos de luz y de vida.
Enjuga tu llanto y no llores si me amas...


0 comentarios:
Publicar un comentario